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Ambos, de guardia

Eduardo Bravo Domínguez

Yo era el típico enfermo imaginario. Me costó unos años superar mi hipocondría . 24 de diciembre de 2017. Es la primera Nochebuena que no paso en mi casa con mis padres: me ha tocado hacer turno en la gasolinera donde trabajo.

Lo voy llevando bien… hasta que me da por pensar que aquel dolorcillo que llevo arrastrando dos días puede ser una enfermedad incurable. Crece mi angustia, y decido finalmente llamar a mi jefe y decirle que me encuentro mal y que me gustaría acercarme a urgencias. Él accede. Ya en el hospital, me atiende una doctora y mientras le cuento lo que me pasa me da por pensar, no sin razón, que ya puedo tener esa enfermedad incurable, en la que no creo en el fondo, pues ella también está trabajando en un día tan señalado.

Cambio el discurso, y le acabo contando esto último, y ella me sonríe y me dice que no es molestia y que estoy sano, y va y me suelta que a ella también le pasa cuando está sola, y los dos nos miramos y pensamos lo mismo: ahora no estamos solos, y es como si estuviésemos ambos de guardia no vaya a ser que se nos pase de largo eso que tanto necesitamos los dos.