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¡Un duro!

Paola Grande

Si mi hijo se entera que he escrito esto me mata, ya que el protagonista de la historia es él. Bueno él y mi marido.

Mi marido y su extraña afición por coger al niño y hacerle volteretas en el aire… hasta el día que el pequeño se tragó un duro (sí, un duro, de los antiguos, que había cogido de casa de su abuela y se le había ocurrido metérselo en la boca).
¡No veas qué susto! Se le pusieron los ojos como platos al pobre nada más posarse en el suelo.
Se quedó blanco. Y nosotros, asustados, fuimos al centro de salud abierto más cercano.

Me daba hasta vergüenza en esas fechas hacerles trabajar a los pobres médicos y enfermeras.
Bueno, pues fueron majísimos, nos trataron muy bien y consiguieron que a mi hijo se le pasase el susto y pasase las fiestas tranquilo, ya que le aseguraron que no le iba a pasar nada.

¡Sin ellos habría sido un drama!